Hoy desperté recordando que soñé con Lucha una señora que escribía cartas a "su Sr."
Las cartas hablaban de todo lo que ella quería decirle y que no podía comentar con Juan, su esposo, porque él estaba ausente. Tal vez Juan hubiera estado de viaje, o trabajando, así que para evitar que se le olvidara lo que ella quería expresar simplemente lo escribía, aunque otra posibilidad es que ella prefería escribir no porque él estuviera ausente, sino porque aprovechaba esa ausencia para sentirse libre de decir y pensar lo que quería y eran esos momentos de soledad en los que sus hijos estaban en la escuela y su esposo en el trabajo, cuando ella aprovechaba para poder sacar, alegrías, corajes, rencores y demás emociones que no se atrevía a sacar frente a frente a su marido con tal de evitarse un enfrentamiento que trastocara la paz familiar.
Recuerdo que en mi sueño mi subconsciente me indicaba que ella tenía el nombre de Lucha porque era una persona que siempre hacía su "luchita" en tratar de: sacar adelante un matrimonio que estaba pasando por una etapa compleja, de proveer lo suficiente en dinero y necesidades a sus hijos, de seguir viviendo con alegría aunque a veces le costara trabajo...
En mi sueño ella era Luchita, sin embargo, hablar de ella en diminutivo, me parece que le quitan fuerza y dignidad.
Una de las cartas que en mi sueño Lucha escribía a su esposo comenzaban con Lucha abriendo su corazón y compartiendo los sentimientos que ella tenía respecto a una infidelidad que él había cometido recientemente. Recuerdo a Lucha escribiendo en una especie de secreter de madera oscura, posiblemente caoba, colocado junto a una ventana de piso a techo cubierta por una cortina que dejaba pasar una luz naranja que no supe distinguir si era matutina o vespertina. Podía ver algunos tonos rojizos con adornos dorados junto a algunas plantas, lo que me dio la sensación de que era invierno y estaba por llegar la temporada Navideña. La veía prácticamente de espaldas desde un punto que me parecía que era la mitad de la estancia. Lucha estaba parada junto al mueble, parte escribiendo y parte asomándose a la ventana. Era como si ella no quisiera sentarse un tanto para no demostrar su debilidad o para no dejarse derrumbar por lo que estaba sintiendo y otro poco para para darse fuerzas con la luz que se filtraba por la ventana, como si esta luz y una vista esporádica al mundo exterior a través de la ventana le brindaran esperanzas de que este problema tendría solución.
Veía a Lucha como un tercer espectador. Ella no sabía que yo estaba ahí, sin embargo yo podía sentir su angustia, dolor y rencor como si fueran míos. Jamás había sentido un dolor en el corazón tan profundo.
Recuerdo que después de que ella comenzara a compartir en el papel sus sentimientos, iba transformando estos por un pensamiento de impotencia al creer que hablar o escribir de estos no tendrían ningún significado para él. Lucha quería que Juan pudiera sentir el gran dolor que ella tenía por estar sufriendo una lucha de gigantes al tratar de reconstruir una imagen de la persona que ella pensaba que Juan era y quien realmente le había mostrado ser. Ella no sabía que cosas creer de todo lo que el había sido, hecho y dicho hasta el momento. Era un asunto de confianza, de rencor, de no tomar decisiones a la ligera sin tener que dejar de quererse y perder su dignidad. Era una lucha emocional de tratar de entender qué pudo haber pasado por la cabeza de Juan sin dejar de pensar en que a ella no le pasó jamás por la cabeza hacer algo así por muy mal que estuvieran las cosas o por muy atractivas que encontrara a otras personas. Era una lucha de no querer alejar a sus hijos de los cariños de ambos aún cuando no estaba segura en ese momento de que Juan estuviese muy apegado a los cariños de lo que ella pensaba era una familia y que ahora le costaba verla (o sentirla) como tal. Fueron todos estos pensamientos que llevaron a esta mujer a ir escalando sus sentimientos de simplemente compartirlos a querer terminar una carta que lastimara a la persona que iba dirigida. No sabía si esta carta lograría empatía, así que al asumir que no sería así, ella quería ver sufrir a Juan lo mismo que ella estaba sufriendo. No lo quería hacer conscientemente, sin embargo ella tenía la necesidad de que él sintiera su mismo dolor.
Esta carta se fue transformando en algo que señalaba culpas, hacía reclamos de todo lo que ella sentía que él no había hecho pero sobre lo mucho que él había exigido. Debido a que mientras escribía, Lucha iba poniendo más peso sobre sus recuerdos, logré sentir que el rencor se transformaba en un coraje tan profundo que casi llegaba confundirse con odio, un odio momentaneo que quería lastimar, por lo que decidió dar un últimatum de fin de relación de una manera muy poco diplomática. Fue en este momento que desperté y aunque en el sueño escuchaba palabra por palabra lo que ella escribía en su carta, he tratado de recordar lo que Lucha escribía, pero no puedo, sólo mantengo conmigo sus sentimientos.
Este sueño me ha dado una idea de cuentos. Posiblemente escriba de vez en cuando algunas cartas que Lucha hubiera podido escribir. Cartas que no sólo irán dirigidas a su marido, sino a sus hijos, jefes e incluso a ella misma. Así comenzarán "Las cartas de Lucha"